Adicta.
No cuento ya los meses; las fechas ya las confundo.
Lo reconozco, adicta a ti.
Hace tiempo te dije: “tienes un problema; yo”. Ahora eres tú el que dices la frase.
Adicta a cuando apartas el pelo de mi cara.
A veces no te entiendo, o puede que te entienda demasiado. 
Tú me calmas. Tú me hablas desde puntos de vista no imaginados.
Adicta a pasar horas contigo sin mirar el reloj.
Jugamos a soñar. Soñamos y lo tengo todo contigo. Escuchándote, escuchándome.
Supongo que esto es locura, dulce locura.
Todo aquello que nos provoque un bienestar creará adicción, por eso no me sorprende.
La mas sana de todas, me quedo con ella…
Adicta a tu amor.
Témpera gris.
Aquí el cielo no se deja ver, una capa de nubes muy espesa deja traspasar la luz, pero parece que es un mundo aparte, creado por y en medio de la nada, que la naturaleza es artificial y dudo de mi existencia.
¿Hasta que punto todo es real?
En días como hoy me planteo si la vida es realmente sueño.
Papá.
Porque lo que nos enseñan los pilares de nuestra vida es lo que nos forja como personas.
Dedicado a Pepe Soriano, una estrella que brilla en el cielo.
Veintidós veces caigo, veintidós veces me levanto.
La fuerza se escapa y no sabes donde se esconde.
El cielo sigue estando azul pero ahora se vé detrás de la ventana.
Indefensa ante lo que no ofende.
Confundida dentro de la claridad y aquello que con monedas se pagó intenta volver a la mente, poniendo en proceso lo que se aprendió.
Rayos bipolares cruzan, crean la fusión entre objetivo y subjetivo, se apagan y la realidad ciega mis ojos.
Sin fuerza para pensar considero la opción de abandono y no hay espacio en ningún esquema.
Quizá por simple masoquismo levanto cabeza veintidós veces al día.
Tengo, no tengo, quiero, no quiero. Todo está sobre la mesa.
No hay dudas pero cada llamada significa un paso atrás.
Si tú no eres feliz me cuesta avanzar.
Pero llego el día en que “tu” se convierte en “vosotros” y un “yo” siente impotencia.
Así el tonto pez de memoria de tres segundos se muerde la cola veintidós veces al día.
Cuento con los dedos de mis manos y se dibuja mi sonrisa. Estáis ahí.
Cada cuál tiene su voz de aliento, pero esta leona se cansa de salir de caza y volver de vacío.
Bailaré la vida con sonrisas.
Si mis miedos pretendiesen acercarse ya están advertidos de vuelta asegurada.
Si las palabras ajenas quisieran dañar advertidas quedan de que caerán al vacío.
Si este mundo quisiera arrebatar una vida, daré la mía para apoyar otras.
Si una sonrisa atrae la calma, tendremos sobredosis esta temporada.
Corazonada.
Si, salió de entre mis l
abios aquellas palabras, aquellas que no imaginaba por muchísimas razones, pero siempre habla el corazón cuando estás confuso. Quizás en medio de esa confusión sale algo claro: la necesidad de cambio.
Quizá Esmeralda ya me ha dado todo lo que tenía reservado para mi, no ha sido poco.
Puede que el inconformismo me esté retando otra vez.
Es el momento en que sientes que está llegando el final de una etapa.
Ya lo sentí antes. No tengo miedo a equivocarme. No hay fecha de salida ni destino en el billete. Lo que sé es que la maleta va con sobrepeso de felicidad.
Es simple. Lo noto. Al igual que otras veces. Algo va a cambiar, y estoy entusiasmada.
Dejemos que venga la señal y caminaremos hacia otro rumbo.
El mundo es tan grande… que está lleno de oportunidades.
Esperaré.
Belleza
¿Qué es aquello que nos hace creer que algo es tan mágico? Estamos destinados a juzgar porque tenemos opinión, la cuál nos hace sentir tener razón, incluso siendo conscientes de que la nuestra puede que no sea la correcta, verdadera o cierta.
Estoy tan llena de sensaciones que quisiera gritar desde lo alto de la montaña, frente al mar o puede que simplemente en medio de la nada, que la vida es un regalo, que cuando cierro los ojos me siento feliz.
Todo lo que hay a mi alrededor está lleno de belleza.
Perdido
Que triste es tener por seguro que mis días son verdes y los tuyos grises.
Y recuerdo cuando me decías que tenía un pelo precioso y que lo dejara al natural, ahora lo hago.
Cuando los pinceles que siempre están encima de la mesa solo se empapan de colores oscuros y salpicas a quien se acerca.
Si hay que morir, será en Hawaii.
Tranquila porque observo desde el ángulo en que tu no logras alanzar y sé trazar la línea la cuál nadie podrá sobrepasar.
Seguridad en exceso es creada a raiz de una decadencia.
Sé que me amas, por eso no tengo miedo.


